La Escuela De Alcalá de Guadaira

lunes 30 de noviembre de 2009


("El Castillo de Alcalá de Guadaira" - David Robert - 1833 - Oleo sobre tabla - Museo del Prado-Madrid)

El continuo interés por los valores de la naturaleza ha mantenido a lo largo del tiempo, la consideración histórica del paisaje en las diferentes culturas y civilizaciones, pero su como un verdadero hecho cultural es algo de muy reciente cuño. Históricamente se han ido desarrollando actitudes y puntos de vistan, tanto individuales como colectivos, que han puesto en práctica ciertos valores artísticos que, a su vez, han propiciado la aparición del paisajismo tal y como hoy en día podemos concebirlo genéricamente. En ese complejo proceso, lleno de influencias e interdependencias, han incidido decisivamente las circunstancias y mentalidades de cada momento histórico.

("Remando en el Río" - 1885 - Emilio Sánchez Perrier)

La mirada artística, que ha estado siempre atenta a la naturaleza, es la que ha ido, de manera específica, definiendo y conformando conceptos que se han situado siempre más allá de la consideración del estricto marco funcional y geográfico, trascendiendo e imponiéndose hasta ser asumida colectivamente, como una capacidad sensitiva de análisis y observación más allá de la mera escenografía funcional de los individuos que habitan el paisaje y en el que se integran formando parte indiscutible de él.
Este tipo de mirada ha constituido un factor decisivo en la gestación de la pintura de paisajes, a partir surge una nueva categoría: la del paisajismo.

("Pinares al atardecer" - 1909 - José Rico Cejudo-Oleo sobre lienzo-Colección Antonio Plata-Sevilla)

Desde el punto de vista creativo, la consideración artística del paisaje manifiesta claramente la relación del mismo con los individuos, la sociedad y la naturaleza, siendo cada pintura por tanto, en ese sentido,un documento significativo e incuestionable de esa relación.

En el siglo XIX se organiza, como resultado de esa mirada artística, la práctica del paisaje como una globalidad específica en la práctica de la pintura, al igual que ya ocurriera con otros géneros, como el bodegón o el retrato.

("Hueta con Limones en Alcalá" 1895-José Jiménez Aranda -Oleo sobre tela-Colección El Monte-Sevilla)

Sin embargo por diversas razones, las publicaciones dedicadas al paisajismo no suelen ser muy frecuentes, sobre todo cuando se refieren a aspectos concretos, ceñidos a marcos territoriales o culturales, como sería el caso pictórico de la Escuela de Alcalá de Guadaira. De hecho ha sido una temática siempre ausente y escasamente tratada en los balances dedicados al arte andaluz.

("Huerta Rivereña con álamos"-Manuel García Rodríguez-1900-Oleo sobre lienzo-Col. Remedios Delgado-Sevilla)

Esta escuela, ha sido la mayoría de las veces evitada o mirada de soslayo, tal vez, aún a pesar de tener una importancia notable, por ser escasamente conocida tanto por l gran público como por la mayoría de los investigadores. 
La Escuela de Alcalá de Guadaira ha permanecido inédita, víctima por tanto de un injustificable olvido.
Poco o nada se ha hecho por resaltar la serie de fecundos episodios que allí tuvieron lugar desde fechas muy tempranas, tanto la capacidad evocadora y placentera del lugar, como la sorprendente variedad pintoresca de sus riveras y parajes.
La pintura de la Escuela de Alcalá de Guadaira, es comparativa a otras manifestaciones del paisajismo nacional, como el madrileño, catalán, valenciano o cántabro.
A todo esto se une que en pleno siglo XIX, el paisaje fue el género más independiente y progresista, que coexistía con oros géneros menos conservadores pero también más propicios al desarrollo y lucimiento de la carrera oficial del pintor.


("Molino de Alcalá"-Gonzalo Bilbao-1885-Acuarela sobre papel-Museo Bellas Artes Sevilla)


Fue en el cultivo de la pintura del paisaje donde se produjeron las aportaciones más novedosas y audaces de la época, dejando constancia de una mirada nueva sobre la naturaleza, con el consiguiente descubrimiento de nuevos caminos, siempre vistos desde posiciones creativas menos convencionales y rígidas, haciendo del cultivo del paisaje un instrumento de modernización. Y así, tato en la pintura sevillana como en la española en general, la pintura de historia convivió durante décadas con la pintura de paisajes, que andando el tiempo superaría el academicismo y comportamientos artísticos ya agotados.
En este sentido, los pintores presentes en Alcalá, integrantes del contexto de los pintores sevillanos, tuvieron lógicamente un comportamiento secundario o periférico con respecto a los centros emisores de novedades artísticas, pero en cambio, constituyeron un nutrido grupo de artistas interesantes, prefigurado por unas características y preocupaciones artísticas comunes, más que por una decidida intención consciente de formar una definida escuela pictórica, como una forma bien especializada, bien temporal, de cultivar el paisaje.

("Pinares en Alcalá de Guadaira"-José Jiménez Aranda-1895-Oleo sobre lienzo-Col.El Monte-Sevilla)

Dentro del paisajismo en el marco andaluz y sevillano, y de lo que supuso en el desarrollo de nuevas concepciones plásticas, figuran artistas que sobresalen por la atención y curiosidad hacia la naturaleza pintoresca y el análisis de sus respectivas producciones pictóricas como testimonio de las diversas personalidades y puntos de vista que confluyeron en Alcalá y sus inmediaciones, mereciendo especial atención los que participaron en lo que con posterioridad vino a denominarse como Escuela de Alcalá de Guadaira.

(Los pintores José Arpa y José Rico Cejudo en una excursión campestre en Diciembre de 1887)

Es valorar la importancia del fenómeno del paisajismo en Alcalá de Guadaira, sus efectos y consecuencias artísticas y culturales, que incorporaron de este modo nuevos episodios de mucho valor, alguno de ellos fundamentales e inéditos, dejando un mejor conocimiento para el desarrollo de la pintura sevillana.

A esta escuela pertenecieron pintores locales, sino también otros de Sevilla y de distintas partes de la geografía española y extranjera, algunos de gran talla, como José Arpa Perea, Valeriano y Joaquín Dominguez Bécquer, José Jiménez Aranda, Alfonso Grosso Sánchez, José Rico Cejudo o Gonzalo Bilbao, entre otros.

Blanca De Los Ríos

miércoles 18 de noviembre de 2009



“¡El tiempo esa distancia de la vida
Que es la misma existencia que se va!...
La distancia, ese tiempo del espacio...
¡Terrible dualidad!”



“Blanca de los Ríos encarna ese aliento de poeta civil que Bécquer no quiso encarnar.” (Francisco Arias Solís).

Blanca de los Ríos, según Francisco Arias Solís, no ha pasado a la historia literaria ni por “Melita Palma” ni por “La Rondeña”, ni por su poema escrito desde Florencia cuando exclamaba “rompo el silencio y duéleme la ausencia”. A Blanca de los Ríos hay que acudir cuando se trata de explicar el teatro de Tirso de Molina, porque “las mujeres de Tirso, vestidas de hombre, son heroínas de Fray Gabriel Téllez y creaciones, que fueron desenmascaradas, casi diríamos desnudadas por la poetisa Blanca de los Ríos, a las que volvió a dar vida.

Fue, en abril de 1928 cuando pronuncia una conferencia en Madrid, en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, publicada aquel mismo año, sobre “El enigma biográfico de Tirso de Molina”, aireando su partida de bautismo y otros documentos que la llevan a demostrar cómo su teatro nació en el claustro arrancado de estas revelaciones la crítica histórica y la estética de ese nuevo Fray Gabriel Téllez que irrumpe a partir de esos años, los manuales de literatura en las nuevas luces que proyecta la erudita sevillana a la que Real Academia Española no ofreció un sillón pero si un Premio para su “Estudio biográfico y crítico de Tirso de Molina”.(Francisco Arias Solís).

"Blanca de los Ríos Nostench"


Hija de arquitecto, y de poetisa y pintora, nieta de médicos, sobrina de escritores y políticos, y amiga íntima de artistas y literatos, vivió rodeada de un ambiente rico en cultura e intelectualidad, que hizo de ella una de las mujeres más eruditas de su tiempo sobresaliendo en todas las artes que trabajó, especialmente en el mundo Literario (Periodo Romanticismo), que le tocó vivir.

Blanca de los Ríos Nostench nace el día 15 de Agosto de 1862 (otros datos apuntan a 1859), en la calle Francos de Sevilla, hija del arquitecto Demetrio de los Ríos, autor de los proyectos de las fachadas monumentales del ayuntamiento sevillano y restaurador de la Catedral de León, y de María Teresa Nostench y Rodríquez de Henestrosa, mujer que poseía extraordinarios dotes para la pintura y la poesía, y que tuvo marcada influencia en la dedicación de Blanca a la labor literaria.
Fue bautizada el mismo día de su nacimiento en la iglesia del Sagrario de Sevilla, mientras por las calles de la ciudad procesionaba la Virgen de los Reyes.

A los pocos años de nacer, sus padres se trasladaron a Granada, ciudad donde realizó sus primeros estudios y en dónde comenzó a dar muestras de su inclinación hacia la literatura. Sus compañeras del colegio la llamaban cariñosamente “La Escritora”.
Desde muy pequeña comenzó a escribir poesías, y con quince años publica su primer libro, “Margarita”, que firmó con el seudónimo de “Carolina Del Boss”.

En 1877 muere su madre, y Blanca marcha a París para vivir con una tía suya. Estaría en París dos años, regresando a España en 1879, instalándose para vivir con la familia Romera en Madrid, en la casa que unos hermanos del inolvidable actor de este apellido habitaban en la calle Cedaceros.
En esta fecha publicó un librito de versos titulado “Esperanzas y Recuerdos”, que escribió cuando tenía quince años, y que le conquistó la estimación de algunos círculos literarios de la capital española.
En estos círculos literarios hizo amistad con Sofía Casanova, la condesa de Pardo Bazán, el marqués de Valmar, don Juan Valeta, Rubén Darío y Santos Chocano.
Es de estos años también el comienzo de una de las amistades más importantes, tanto afectiva como culturalmente, de toda su vida: la de Emilia Pardo Bazán.

"Realidad, terrible azote
del alma que mundos crea
con ese eterno don Quijote
que sueña su Dulcinea.
Soñar? ¡donosa locura!,
soñar que un ángel se encierra
en la pobre vestidura
que ha de podrirse en la tierra."
(Realidad, Terrible Azote)


También conoce en esta fecha a Vicente Lampérez, un arquitecto emparentado con actores famosos y políticos, primo de los Romea, con el que contrajo matrimonio. El matrimonio viaja pronto a Italia y Blanca se entrega con entusiasmo a la carrera de las letras, escribiendo sin pausa, novelas, cuentos, libros de poesía y estudios de crítica literaria y ensayos históricos.
En 1889 la Real Academia Española premió su “Estudio Biográfico y crítico de Tirso de Molina”, en el que dio a conocer datos nuevos sobre la vida del gran dramaturgo.
Su fama de escritora se desbordó bien pronto del ámbito nacional para encontrar amplio eco en otros países. En los primeros años del siglo XX habían sido ya traducidas a varios idiomas una veintena de sus obras.


En 1895 entra como socia de número del Ateneo de Madrid, junto con Emilia Pardo Bazán y Carmen Burgos, lo cual le permite entrar en contacto con las ideas más diferentes y más avanzadas de la época, tanto en el campo artístico como en el de divulgación, llevando adelante tanto su labor de erudición como la de ficción, y al mismo tiempo empieza a tomar partido en «el problema de España», defendiendo el camino de la tradición para avanzar hacia los cambios causados por los nuevos tiempos.

Simultaneó su copiosa producción literaria con la colaboración en los principales periódicos y revistas de España e Hispanoamérica. Esta labor culminó en la fundación de la revista “Raza Española”, que vio la luz en el año 1919 y a través de la cual realizó una fecunda tarea de acercamiento entre España y las naciones iberoamericanas. Blanca gastó su dinero para sostener aquella publicación durante los once años en que fue editada.
En ésta como en otras publicaciones divulgó sus ideas feministas, la preocupación por la mujer y por las relaciones entre España e Hispanoamérica estuvieron siempre presentes en su reflexión y en su participación en diversas asociaciones y actos como: la Asamblea Americanista de Barcelona y los Centros de Cultura Hispanoamericana de Cádiz y de Madrid, la Junta Superior de Beneficencia de Madrid y la Unión de Damas Españolas, en la que se preocupó por el avance en medidas de protección para las mujeres en el trabajo.

“…Desde siempre en mi calle yo te espero,
y amante de mis noches te persigo,
si alguna vez, dolida, te maldigo,
desde tu ausencia, triste, desespero.”
(Destino)
 

Como reconocimiento a su valiosa labor, el Ayuntamiento de Sevilla la nombró hija predilecta de la capital en 1916, y dio su nombre a una de las calles más céntricas de la ciudad Andaluza.
El 19 de Enero de 1923 fallece su marido Vicente Lampérez quedando Blanca desconsolada, pero continuando con su prolífera carrera literaria.
En Marzo de 1924 le fue concedida la Gran de Cruz de Alfonso XII y, con tal motivo, se le rindió un homenaje en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Madrid, acto que presidió su Majestad la Reina Victoria Eugenia.
En 1931 le fue concedida la Medalla de Oro al Trabajo, y en 1949 la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio.
Muchas academias e instituciones artísticas y culturales nacionales y extranjeras la llevaron a su seno.
El Gobierno Colombiano le concedió la Gran Cruz de Bocaya por sus trabajos en defensa del escritor colombiano Francisco José de Caldas, discípulo y colaborador directo del célebre hombre de ciencia español Celestino Mutis, cuya memoria reivindicó Blanca, consiguiendo que el gobierno español le dedicara una lápida en la Biblioteca Nacional.
 

Blanca de los Ríos fue presentada a candidatura a la Real Academia Española de la Lengua, por los académicos Serafín y Joaquín Alvarez Quintero, el doctor Cortezo, el conde de Navas y don Manuel Linares Rivas, sin que consiguieran su propósito, ya que la docta Corporación mantuvo el criterio tradicional de no admitir en el seno a miembros femeninos.
Igualmente fue propuesta por un amplio grupo de intelectuales españoles, al frente del cual se encontraba el marqués de Santo Floro, para que le fuera concedido el Premio Nobel de Literatura, en atención a su obra dilatada y compleja.

El día 13 de Abril de 1956 a las once y veinte de la noche, fallece en su domicilios de Madrid, en la calle Jorge Juan nº 7, conservando hasta el último momento su actividad intelectiva.

Blanca de los Ríos destacó como estudiosa de los grandes escritores del siglo de oro, como narradora, poeta y conferenciante, y también por su preocupación por la mujer, y su mejora en la sociedad de la época. 
Igualmente fue ferviente su lucha y actividad en la consolidación de las relaciones españolas e iberoaméricanas.


Obras
Verso
Los funerales del César (1880)
Esperanzas y recuerdos (1881) y (1912)
El romancero de Don Jaime El Conquistador (1886)
Visiones de arte
De sol a sol
De Andalucía
¿Vida o sueño? Rimas (1941)
Prosa
Margarita (1978)
Los funerales del César (1880)
Esperanzas y recuerdos (1881) y (1912)
El romancero de Don Jaime El Conquistador (1886)
La novia del marinero (1886)
Melita palma (1901)
Sangre española (1902)
La niña Sanabria (1907)
Las hijas de don Juan, Madrid goyesco (1902)
Los diablos azules (1902)
La Rondeña (cuentos Andaluces) (1902)
El Salvador (cuentos varios) (1902)
El tesoro de Sorbas (1914)
Estudios literarios
Del siglo de Oro (1910)
De Calderón y de su obra
La vida es sueño y los diez Segismundos de Calderón,
Sevilla, cuna del Quijote
Los grandes mitos de la Edad Moderna: Don Quijote, Don Juan, Segismundo, Hamlet, y Fausto
De la mística y de la novela contemporánea
Afirmación de la raza ante el centenario de la independencia de las repúblicas hispanoamericanas (1910)
Afirmación de la raza. Porvenir hispanoamericano
Estudios literarios
Fray Grabriel Téllez
Obras dramáticas completas

Fuentes de Datos:
*Escritoras y pensadoras europeas – María Jesús Soler Arteaga
*Blanca de los Ríos – Francisco Arias Solis
*Hemeroteca ABC

Amalia La Gitana

sábado 31 de octubre de 2009


 "Mal de Amores"

No cabe duda de que muchas fueron las mujeres que posaron para Julio Romero de Torres.  Indiscutiblemente una de sus preferidas fue Teresa López, La Chiquita Piconera, pero también lo fue otra mujer de raza y temperamento: Amalia La Gitana


El día 11 de Enero de 1888, nace en el barrio de la Catedral, en Córdoba, Amalia Fernández Heredia, fruto del humilde matrimonia formado por Julio Fernández y Carlota Heredia.
Sus padres quisieron bautizarla en la parroquia del Sagrario y por nombre le pusieron Amalia.
Amalia sería, pasados los años, una de las musas preferidas del pintor cordobés Julio Romero de Torres.

Desgraciadamente Amalia quedó huérfana de padre siendo aún una niña (8 años), y tuvo que buscarse la vida por sí misma.
Viviendo humildemente dentro de un feudo gitano, en un mísero cuarto de una casa de vecinos de la plaza de Alhóndiga, dedicaba el día a recoger cartones de casa en casa, y las noches a animar cabarés y saraos formando parte de un grupo flamenco.
Tenía diecinueve años y una cautivadora belleza gitana, cuando Julio Romero de Torres la encontró cerca del Mercantil, e inmediatamente quedó prendado de ella. 

Se cuenta que estando el pintor sentado entado en la terraza del Casino de Labradores, en el Paseo del Gran Capitán, esquina con la calle Gondomar, oyó a un rico terrateniente comentar a su criado ante el pasar una joven: A esa morena, trótamela. Inmediatamente Julio se levantó y abordó a la joven antes que el criado, y le dijo: Yo soy Julio Romero y me gustaría pintarla a usted. De este modo llegó Amalia a su vida.
Le pagaba diez reales por posar para él, una cantidad importante para la pobre vida que llevaba aquella gitana. Su vida se cambió considerablemente, y la ilusión comenzó a ser moneda de cambio entre el pintor y la modelo.

La representó en cerca de veinte cuadros como figura central y luego como secundaria, cuando ya el paso del tiempo había hecho mella en ella.

Amalia la Gitana fue pintada con incomparable lozanía en Las Niñas de la Ribera, donde la sonrisa de Amalia se hace la protagonista del cuadro, y sorprendente además, pues el pintor habitualmente rodeaba a la mujer de esa enigmática atmósfera de silencios.
Con esa misma sonrisa la retrataría en un lienzo de pequeño formato con el pecho al desnudo y una manzana.
Brilla con luz propia en La Consagración de la Copla, en donde sobresale como eje central de la escena simbolizando a la copla, de entre los brocados toreros, el oro de las casullas y los fondos ocres de Córdoba.


La Consagración de la Copla

En el lienzo Alegrías se muestra a una Amalia más curtida y tal vez atormentada más por el dolor que por el paso del tiempo. La Gitana palmea y con sus palmas parece esfumarse la inocencia y frescura de los retratos anteriores.
En 1912, y siempre aprovechando sus rasgos dramáticos, el pintor realiza para la portada de un libro de Machaco, Cante Hondo, el lienzo Malagueñas.


 Malagueñas

También la inmortalizó en su obra La saeta que fue la estrella de la exposición que Romero de Torres realizó en Bilbao en 1918 en los salones del Majestic-Hall.


 La Saeta
 

Cuando ya el tiempo va haciendo mella en la modelo, crea el lienzo Marta y María, que se exhibió con gran éxito en la Exposición de Pintura Española de 1919, en Londres.

Sus agitanados ojos negros eran la viva expresión del tormento cuando Julio Romero de Torres la pinto en su obra Celos, que llegó a ser la obra cumbre de la exposición en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Corría el año 1922 y Amalia ya había pasado las lindes de los treinta años.

Celos
 
No renunció el artista a retratar a su musa cuando su cuerpo se fue deteriorando. Entonces redujo su campo de expresión sólo a su rostro en obras como Judit, y las dos versiones que se conocen de Salomé y Cabeza de santa, donde las respectivas cabezas cortadas que aparecen corresponden a los peculiares rasgos de Amalia. 

El día 10 de mayo de 1930, fallece el pintor y Amalia vuelve a su mísera vida de antes, en el mísero cuartucho de la calle Alhóndiga.

Sus ojos azabaches se cerraron un día de 1976, cuando contaba ochenta y siete años tras cuarenta y seis de pobreza y seria, después de la muerte del pintor.


Bibliografía:
*M.Valderde Candil: Las mujeres de Julio Romero, Colección Córdoba, Diario Córdoba-Cajasur

David Roberts, Pintor Viajero (II)

lunes 17 de agosto de 2009



"Asedio a Jerusalén"

"Retrato de David Roberts con atuendo típico"

A través de su obra "Bocetos Pintoresco en España", David Roberts entra en contacto con el litógrafo belga Louis Haghe.
Su obra inspira a David, y programa su próximo viaje a Egipto, Nubia, Tierra Santa, Siria, y en otras zonas de Oriente Medio.

Su proyecto era pintar y esbozar los antiguos y monumentales lugares bíblicos con todo detalle, por lo que estudia y se informa sobre los países y sus gentes, sus culturas y sus tradiciones.

Entre 1833 y 1838, vendió sus pinturas al óleo, acuarelas, que junto con las comisiones devengadas por la ilustración de libros, le proporcionaron la cantidad suficiente para sufragar los gastos de la expedición.

David fue el primer artista Inglés enseñar los magníficos monumentos de Egipto.
Este viaje lo realizó entre 1938-1839.


Los resultados del mismo hacen de é un artista famoso y admirado, no sólo en Escocia, sino también en el continente Americano.
A fines de agosto de 1838 partió para Egipto. Después de realizar escalas en Francia, Italia, Malta y Grecia, arribó al puerto de Alejandría el 24 de septiembre.

"Alejandría"
Allí, contrató a un barco con su tripulación y a un servidor, y partió rumbo a El Cairo.


"El Cairo - Vista Oeste"
"Un Café en El Cairo"
"Jóvenes danzando en El Cairo"
"Un mercado de exclavos en El Cairo"
Visitó las pirámides y las Esfinge, innumerables monumentos, ruinas y templos a lo largo del Nilo, de los que hizo magníficas reproducciones de vivos colores, tanto en dibujos como en acuarelas, así como detalles de las imágenes simbólicas, permaneciendo en Egipto durante cuatro meses.

"El Templo de Edfu en el Alto Egipto"
"El Templo de Edfu"

"Ruínas de Komombo"Destacan sobremanera sus dibujos de los monumentos egipcios antes de la restauración. En este viaje realizó más de un centenar de bocetos, sobre todo en su camino de regreso por el río. La segunda parte de su viaje en Egipto se inició en 1839.

Salió de El Cairo vistiendo ropas árabes, y acompañado por dos viajeros ingleses, John Pell y John G. Kinnear, además varios guías musulmanes, viajó a Tierra Santa y el Líbano a través de la Suez moderna, el Monte Sinaí, Petra y muchos lugares de Dan a Beersheba.
Petra.

"Petra"
"Petra"

"Autoretrato trabajando con ropas del desierto en Tebas"
"Estatuas De Memnon en Tebas durante la inundación"David hace sólo bocetos de los lugares y monumentos de los diferentes lugares que visita sin llegar a realizar la pintura completamente, labor que termina en su estudio cuando regresa a Inglaterra once meses después.
"Nubia"

" Templo de Philae- Nubia""Pórtico Templo de Philae- Nubia"
"Asedio a Jerusalen"
"Convento de Santa Catalina en el Monte Horeb"
Este viaje, de largo y ajetreado itinerario mermó la salud de David, que llegó a enfermar gravemente.

"Vista de la isla de Files"

Inició el regreso el 8 de mayo desde Beirut, embarcando vía Malta y Gibraltar, llegando a Londres el 21 de julio de 1839.
En los años siguientes, Roberts publicaría sus numerosos trabajos sobre Tierra Santa y también se dedicaría a reflejar los vestigios arqueológicos de las Islas Británicas, falleciendo en Londres en 1864.

Su obra influirá poderosamente en el concepto del paisaje romántico con características orientales en toda Europa, desde Parceris a Doré.


Tras su regreso a Inglaterra, pidió a Francisco Luna Graham a publicar sus obras y a Louis Haghe las litografías. La obra completa consta de un total de 6 tomos y 247 litografías realizadas entre 1842 y 1849, titulados “La Tierra Santa”, “Siria”, “Idumea”, “Arabia”, “Egipto” y “Nubia”.
Este extenso trabajo lo recompensa con una enorme fama y renombre.

Entre las importantes obras de David Roberts, son notables sus pinturas y litografías de Dromos, Copurt o exterior de la Gran Templo en Edfou en el Alto Egipto titulado El Templo de Edfou en el Alto Egipto, igualmente lo son las de El Cairo, Belén, Ruinas de Baalbec, Memnon y las Llanuras de Tebas.


Todas las obras resultantes de este viaje son muy exactas y perfectas en la visualización de la arquitectura, la cultura, las costumbres y los paisajes de Egipto y Oriente Medio.

Bibliografía:
La España Pintoresca de David Roberts – Antonio Gimenez Cruz – Editorial Universidad de Málaga.
Las maravillas de Egipto, David Robert – editorial ultramar

David Robert, Pintor Viajero (I)

miércoles 5 de agosto de 2009

"Ruínas de la Catedral de San Andrés y la Iglesia de San Regulo" - Fife -Escocia
David Roberts nació el 24 de octubre de 1796 en un suburbio de Stockbridge en Edimburgo, Escocia.
Hijo de un modesto zapatero y una humilde ama de casa, ayudó a su padre en el trabajo hasta la edad de 10 años, presentando desde muy niño un inmenso talento artístico, que expresaba a través de excelentes dibujos silvestres.

Su familia, a pesar de su precaria economía y la miseria en la que vivía, lo animaron a acrecentar sus dotaciones y artísticas proponiéndolo como aprendiz a David Beugo, un pintor y decorador, que lo aceptó y con el que estuvo aprendiendo durante siete años, dedicando las noches a estudiar arte y a perfeccionarse en su trabajo.


En 1816 es contratado por el director de un circo, como pintor de escenario del mismo. Este aprendizaje lo llevó posteriormente a trabajar como asistente de diseñador, lo que fue el comienzo de su carrera como pintor de paisajes, pues la tarea de crear telones con paisajes le permitió dominar la perspectiva de la pintura

En 1819, fue requerido como pintor de escenas en el Teatro Real de Glasgow. Allí conoció a la actriz escocesa Margaret McLachlan, hija ilegítima de una gitana llamada Highland y de un empresario. El flechazo fue instantáneo y se casaron en 1820, henchidos de amor.
Fruto de la unión nació un año más tarde su hija Christine. Sin embargo el matrimonio no llegó a buen término, separándose ambos. Highland regresó a Escocia, mientras que David se hizo cargo de Christine, cumpliendo ejemplarmente sus funciones paternales a pesar de su trabajo y sus viajes, y creándose entre ambos un vínculo de afecto que duraría toda la vida.


Como diseñador de escenarios, David Roberts trabajó los más grandes teatros de Escocia e Inglaterra, y si bien sus dioramas, panoramas y pinturas teatrales causaron un furor en el Covent Garden, y sus diecisiete escenas de Mozart en "El Serrallo" recibieron una entusiasmada aclamación internacional, la pintura paisajística no era para él más que un medio de subsistencia. Su verdadera pasión era la pintura arquitectónica en cuyo ámbito particular se convirtió, indiscutiblemente, en el gran maestro de su generación.


En esta época cuando entabla amistad con el artista Clarkson Stanfield, con el que se asocia para crear panoramas y dioramas, y éste le anima a presentar sus pinturas al Instituto de Bellas Artes de Edimburgo, cosa que consigue en 1821 presentando tres representaciones, dos de las cuales, (“La Abadía de Melrose” y “La Abadía de Dryburgh”), consiguen venderse a un considerable precio.

“La Abadía de Dryburgh”
Pero la escenografía no era lo que Roberts deseaba como dedicación permanente, por lo que poco a poco la fue dejando, para desarrollar la pintura de las arquitecturas y las topografías de diferentes lugares.
No obstante regresó al escenario del teatro para el diseño de pintura en muchas producciones de Charles Dickens.

Ese mismo año fundó con varios pintores, la Sociedad de Artistas británicos y se trasladó a Londres para realizar su carrera de pintura como siempre había soñado: viajando y plasmando en sus lienzos sus impresiones.

En el otoño de 1824 visita Normandía y recorre parte de Europa.

"St Paul's Cathedral with the Lord Mayor's Procession"
Sus pinturas se basan en este viaje en monasterios, catedrales góticas y paisajes...

"Interior de la Iglesia de St. Anne - Brujas"
...comenzandose a sentar las bases de su reputación y mostrándose como un especialista en la pintura de arquitectura.
"Cathedral St. Gommaire - Belgica"
Uno de sus cuadros, La Catedral de Rouen, es vendido por 80 guineas.

"La Catedral de Rouen"
En ese año celebra la primera exposición de las mismas en la Sociedad de Artistas Británicos en y, a continuación, en el Royal Academy y en La Institución Británica en 1826. En 1829 su reputación es la de un excelente artista.

También ese año, expone “La salida de los israelitas de Egipto”, haciendo evidente su estilo.


“La salida de los israelitas de Egipto”
A partir de 1930 ya podría vivir razonablemente con lo que le rentaba su trabajo de dibujos y pinturas haciéndose además miembro de la Sociedad de Artistas británicos y convirtiéndose más en su Presidente en 1831, cargo al que renunció en 1835.

David Roberts contaba 42 años cuando comenzó a viajar. Sus perspectivas se centraban principalmente en el Mediterráneo y más precisamente en España, referencia obligada debido a la gran fascinación que producían en él las maravillosas mezquitas y palacios de los moros y el embrujo de su historia.
En octubre de 1832 entra en la Península por la aduana guipuzcoana de Irún, después de atravesar Francia de norte a sur.

Su objetivo principal era recorrer Andalucía hasta poder completar un buen reportaje, hasta tener un conjunto de dibujos que plasmaran lo más llamativo e interesante de al-Andalus, la todavía bastante desconocida civilización hispanomusulmana. En la ciudad vasca se vio obligado a permanecer dos semanas de cuarentena a causa de una epidemia y de allí fue a Vitoria (Álava). Roberts visitaría Miranda del Ebro, Burgos, Madrid, Sevilla, Córdoba, Granada, Loja, Málaga, Ronda y Gibraltar. En los sitios más importantes permanecía tres semanas. Tres semanas en Sevilla, tres en Córdoba, tres en Granada y tres en Málaga, que dieron como resultado una España contemplada bajo el influjo musulmán y la típica estilización romántica del siglo XIX. Allí nacería en el alma de Roberts su admiración e interés por los pueblos y las costumbres musulmanes que lo llevaría más tarde a recorrer itinerarios en el corazón del Islam. Sus grabados de la Alambra de Granada son una prueba anticipada de lo que habría de venir." ( Extracto de Mundo Arabe.com)


En el transcurso de estos viajes, realizó bellas y numerosas litografías y pinturas de paisajes de España. Desde Gibraltar, se trasladó en un corto viaje a África a través de Marruecos, Tánger y Tetuán. Sería su primera expedición a África.

Pinturas de Sevilla
"El Castillo de Alcalá de Guadaira (Sevilla)"
"El Alcázar de Carmona (sevilla)"
"La Giralda"























"El Altar de la Catedral de Sevilla"


















"Plaza del Mercado de Carmona (Sevilla)"
"Sevilla desde la Cruz del Campo""Torre del Oro"

Pinturas de Córdoba

" El río Guadalquivir en Córdoba"-litrografía"Torre Morisca del puente de Córdoba"


















"Arco del Triunfo a Felipe II"



















" El río Guadalquivir "
Pinturas de Granada
"El Puente del Darro"
"Torre de Comares en La Alhambra"



















"Alcázar Real de Granada"
























"Bibarrambla Andalusí"

"El río Darro en Granada"
Pinturas de Malaga
"Puerto de Málaga"
"Ronda (Málaga)"
"La Catedral"
Otras Ciudades Españolas
"La Catedral de Burgos"

"El Acueducto de Segovia""La Catedral de Santiago de Compostela"
"Toledo"Regresó a finales de 1833 con una oferta de bocetos que elaboró en atractivas y populares pinturas. La Institución Británica expone “Interior de la Catedral de Sevilla” en 1834, que se vendió por £ 300 y ejecuta una serie de ilustraciones españolas para el Paisaje Anual de 1836.

"Interior de la Catedral de Sevilla"
Luego en 1837 una selección de sus “Bocetos Pintoresco en España” son reproducidos en litografías. Entre 1851 y 1853 visita Italia, y representa las pinturas "Palacio Ducal de Venecia", "Roma desde el Convento de San Onofrio" e "Interior de la basílica de San Pedro de Roma, el día de Navidad de 1853", resultando de ello su último volumen “Ilustraciones, Italia, Clásico, histórico y Pintoresco”, publicado en 1859.

"Vista de Pisa"
"San Juan y San Pablo" - Venecia
"El Palacio Ducal de Venecia"
También hizo una pintura de la inauguración de la Gran Exposición de 1851 ante la insistencia de la reina Victoria.
"La torre de Niderlahustein en el Rhin"
"Casa de Edimburgo"
Los últimos años de su vida estuvieron dedicados a realizar una serie de puntos de vista de Londres desde el Támesis.
"Las Cámaras del Parlamento"
El 25 de noviembre de 1864 ya había ejecutado seis de ellos.
Se encontraba trabajando en una imagen de la Catedral de St. Paul, cuando murió repentinamente de una apoplejía.

Fue enterrado en el cementerio de West Norwood.


David Roberts uno de los pintores topográficos más importante de su tiempo.
Hoy en día muchos de sus cuadros se encuentran en el Victoria and Albert Museum, el Templo de Dendera, en Bristol, mientras que Jerusalén se encuentran en el Castillo Museo de Norwich. Sus grabados y pinturas de las revistas son piezas de colección que alcanzan un gran valor en el mercado.
Todo un agradecimiento en compensación al trabajo del hijo de un humilde zapatero que apenas tenía la escuela de educación o capacitación formal.

Bibliografía:
*
La España Pintoresca de David Roberts – Antonio Gimenez Cruz – Editorial Universidad de Málaga.
*Las maravillas de Egipto, David Robert – editorial ultramar

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