Gustavo Bacarisas y Podesta

viernes 29 de enero de 2010


(Paisaje)
Gustavo Bacarisas, importante pintor cosmopolita especializado en el paisaje andaluz y castellano, cultivó la pintura de género, el retrato, y los bodegones entre otros. 
Su estilo personal hizo que destacara en la pintura sevillana de principios del siglo XX.



("Galanteo en el barrio de La Judería)
En sus lienzos abundan los ambientes nocturnos, así como transmite en ellos el ambiente y gracia del entorno de la mujer andaluza.

("Sevilla en fiestas" - 1815)
Reconocido mundialmente por su pintura, de estilo figurativo y de riquísimo cromatismo, Gustavo Bacarisas expuso en multitud de países. Realizó también decorados de ópera en Suecia y España, y fue galardonado con importantes premios de pintura, como la cátedra honoraria de la Academia de Santa Isabel, en Hungría.
A pesar del contencioso por la soberanía de Gibraltar, la obra de Bacarisas fue especialmente reconocida en España, donde el pintor fue incluso admitido en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, la más importante institución artística española. Su pintura dejó huella en todos los jóvenes valores de la pintura que se formaron en la Sevilla de los años veinte.


("Muchacha con abanico")
Nació en Gibraltar el 23 de septiembre de 1873 y allí inicia sus primeros recorridos por el arte, trasladándose a Sevilla en 1913, ciudad en la que fijará su residencia y realiza estudios en la Escuela de Bellas Artes Sevillana.

("Noche Sevillana")
A los 17 años realiza el retrato de su hermano Francisco, mostrando sus excelentes cualidades artísticas, por lo que el Gobierno le concede una beca, a los 19, años para que amplíe sus estudios en Roma, donde adquiere una sólida preparación.
En 1905 concurre a la Exposición Internacional de Venecia, ciudad en la que pinta vistas urbanas y paisajes de La Laguna, que al igual que ocurre con las pintadas en Roma, son ya de tono impresionista. Ese mismo año se instala en París, entrando en contacto con las tendencias artísticas francesas que tanto habrían de influir en su paleta.

Al año siguiente, 1n 1906 se traslada a Londres, donde en 1906 realiza en la Royal Academy de Londres su primera exposición importante, momento en que su obra comienza a ser conocida en Europa.
En 1910 viaja a Argentina, estableciéndose en Buenos Aires con la decidida intención de encontrar un futuro profesional e insertarse en el pujante mercado sudamericano.
En 1914 vuelve a Sevilla ante la inseguridad internacional ocasionada por la Guerra Mundial. La neutralidad española hace que se produzca un despegue económico que se notará en la vida artística y cultural. Sevilla comenzará a partir de estos años a organizar los preparativos para la futura Exposición Iberoamericana de 1929.
En 1916 participa en la Exposición de Bellas Artes de Sevilla, siguiendo las actividades del Centro Artístico del Ateneo Sevillano, del que será nombrado presidente.
En 1920 expone en la Exposición sevillana de la Sección Artística del Ateneo.

("Patio del Rey Don Pedro del Alcázar de Sevilla")
En 1921 realiza una importante y completa exposición en la sala del Museo de Arte Moderno de Madrid, donde expuso retratos de andaluzas con nombres sonoros; “La joven del abanico”, “La del pañuelo estampado”, “Nati la bilbainita”, “Conchita”, “Joaquina”, “Gitanilla”, “Pastorcita”, “Angustias”, “Encarnación”, “Rocío”, “ Mariposa”, “La damita blanca”, “Por Alegrías”, “La Cantaora”, “Vendedora de frutas”, “La Soleá”, así como la composición de gran formato “Sevilla en fiestas”, o paisajes de granada como “Brisa en el agua”, “Las palmeras de oro”, “La fuente de malaquita”, o los titulados “Tarde dorada”, “Nubes en la ermita” y “Noche Sevillana”.

("El estanque de Mercurio del Alcázar")

También mostró “En una caseta de feria” y algunos bodegones de entonaciones cromáticas, como “El vaso de ópalo”, “El cacharro amarillo, rojo y azul”. Un sólido conjunto complementado con piezas de cerámica y esculturas de bronce, como “Tanagra andaluza” y “Cabeza de joven gitana”, que en su momento fue ensalzado en un artículo del crítico José Francés, publicado en la esfera.


En 1922 presentó en Sevilla algunos cuadros granadinos:”La Torre de la Vela” “Jardines de la Alhambra” “Reflejo” y “La fuente de los leones”, participación que repetirá al año siguiente con tres paisajes granadinos.


("La Feria")
En 1923 realiza una gira artística por los países del norte de Europa, llegando a dirigir en Estocolmo la escenografía de la ópera “Carmen”, así como los figurines, de estudiada ambientación andaluza.
Tras “Carmen” realizará “Copelia” y “El Amor Brujo”. 
En Sevilla realiza los paneles cerámicos del Pabellón Real de la Plaza de América y los murales del Pabellón de Argentina, ambos de la Exposición de 1929.

("Viva la República"-1931)
La guerra civil española le sorprende en Madrid, siendo evacuado primero a Francia y después a la isla portuguesa de Madeira. Durante su estancia en la isla plasmará con sus pinceles los encantos de aquellas tierras.
En 1937 vuelve a Gibraltar, regresando de nuevo a Sevilla en 1945 y se dedica a pintar los pueblos blancos andaluces: (Carmona, Aracena, Estepona, Arcos de la Frontera…)

("Aracena")
Fallece en Sevilla, rodeado de su esposa Elsa y de amigos el día 6 de Enero de 1971.
El Museo de Gibraltar expone de forma permanente una parte de su obra.



Fuente de Datos:
*Gustavo Bacarisas” – Manuel Castro Luna – Diputación Provincial de Sevilla /Servicio de Publicaciones.

La Pintura Del Romanticismo

jueves 14 de enero de 2010


("Paisaje con Acueducto (noche)" -  Theodore Gericault - 1818 - Museo Metropolitano de Arte de Nueva York)

El término Romanticismo se refiere a la profunda fascinación que ejercieron, desde 1770 en adelante, la literatura y la historia no clásicas. También se define como un estado de sentimientos que describe una situación de inquietud emocional que parece hacerse más intensa con el paso del tiempo para alcanzar su punto álgido en la década de 1820.
Ningún otro movimiento del arte europeo parece tan difícil de definir como el Romanticismo, ambiguo en sus inicios, contradictorio en sus manifestaciones artísticas, e impreciso en sus inicios. Algunas de las premisas básicas que le dieron unidad fueron su inspiración en la naturaleza, su conciencia del pasado, su sentir religioso y su ideal del artista, de esta forma, el Romanticismo escribió un gran capítulo en la cultura de Europa.

("La catedral de Salisbury y vista de cerca" - Jhon constable - 1831- Oleo sobre tela - Colección particular)
En líneas generales, cuando se menciona el término Romanticismo se piensa en una época que se sitúa entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. El Romanticismo profundizó sus raíces y se alimentó de la cultura iluminalista del siglo XVIII, madurando con él algunos comportamientos contemporáneos de las diferentes naciones de Europa, y supuso la ruptura con una con una tradición anterior y con una jerarquía de valores culturales y sociales. Fue un movimiento de protesta apasionada y contradictoria contra el mundo capitalista burgués y el mundo de las ilusiones perdidas.
En el periodo del Romanticismo imperó la propagación de los sentimientos por encima de cualquier otra circunstancia, proclamando la libertad del artista a fin de que pudiese expresar sus emociones sin limitación alguna.


("Jean-Baptiste Isabey y su hija"- Francosis Gerard -1795. Lienzo.)

Aunque el Romanticismo carece de unidad y de uniformidad, existen el suficiente número de coincidencia entre diferentes autores y manifestaciones que permiten hacer referencia, si no a un grupo, al menos a un movimiento que presenta una coherencia y unos ideales comunes.
Su unanimidad reside en una manera de sentir y de concebir al hombre, la naturaleza y la vida, aunque si se piensa en la existencia de varios movimientos románticos, no hay dos que sean iguales.
Sin embargo, pese a las diferencias que presentó en cada uno de los países, el Romanticismo tenía algunos rasgos comunes: sensación de incomodidad espiritual en un mundo con el que el artista no podía identificarse; inestabilidad y aislamiento, de donde surgió el anhelo de una nueva unidad social; preocupación por el pueblo y sus canciones y leyendas, y proclamación de la absoluta singularidad del individuo.

("Paisaje del Luxembourg"-Jacques- Louis David -1794 Museo Lovre- París Francia) 
La influencia del romanticismo fue tan profunda y generalizada que no es posible abarcarla por completo de un solo trazo. En cierta maneta, puede considerarse que de él provino todo el arte occidental posterior. Las ideas románticas acerca de la creatividad artística, la originalidad, la individualidad, la autenticidad y la integridad dominaron durante largo tiempo la estética imperante de otras propuestas artísticas. 

Desde sus inicios, el siglo XIX fue una época difícil, un periodo que nació con el legado del importante siglo artístico que caracterizó toda la plástica del siglo XVIII, un momento en el que ciertas tendencias heredadas del Neoclasicismo se dio paso a un desenfrenado Romanticismo . Sin embargo, los orígenes y las fronteras de este último, son menos precisos que los del primero, con quien compartió una gran internacionalidad pero con una visión de las cosas y del mundo más sujetica y menos racional. Desde los artistas todavía académicos, como Jacques o Sean Auguste Dominique Ingres, o los plenamente románticos, como Théodore Géricault o Eugène Delacroix, se proyectó el Romanticismo hasta el inicio del Realismo.

("Le Torrent "- obra de Anne Louis Giroder De Roussy-Trioson )

 El Romanticismo tuvo una posterior evolución a principios del siglo XIX que desembocó en varias ramas compuestas por jóvenes pintores en diversos puntos de Europa:
Nazarenos en Alemania
Prerafaelistas en Gran Bretaña
Realistas en Francia
Más avanzado el siglo, nacieron los Simbolistas, que considerarían a los románticos como precursores suyos.

Al margen de los argumentos tratados por sus artistas, la sensibilidad románica también tuvo su expresión en la pintura de paisajes, con Joseph Mallord, William Turner, John Constable y Caspar David Friedrich a la cabeza, quienes ejercieron una gran influencia en otras corrientes y movimientos importantes, como la denominada Escuela de Barbizón, cuyos integrantes fueron considerados como los precursores del Impresionismo Francés.

(" Boda real en marruecos" 1837-1838. Ferdinand-Victor-Eugene Delacroix - Óelo sobre lienzo. Museo del  Louvre-París -Francia) 

La influencia del romanticismo fue tan profunda y generalizada que no es posible abarcarla por completo de un solo trazo. En cierta maneta, puede considerarse que de él provino todo el arte occidental posterior. Las ideas románticas acerca de la creatividad artística, la originalidad, la individualidad, la autenticidad y la integridad dominaron durante largo tiempo la estética imperante de otras propuestas artísticas. 

Principales características de la pintura Romanticista:

• Afición por los contrastes lumínicos llenos de dramatismo.
• Concepto subjetivo de la belleza, fruto de los sentimientos del pintor, generalmente pesimista y melancólico, que les lleva a preferir una temática imaginativa y pasional, obsesionados por el amor, el dolor, la muerte y su prefiguración -la noche- .
• Gusto por las composiciones movidas y desequilibradas.
• El retrato es el género preferido por la clientela burguesa para decorar sus casas; conceden gran valor a la indumentaria, como expresión de su condición social y al estudio psicológico del retratado.
• Gran atracción por la pintura de Historia. Decaen los temas de la Antigüedad clásica y cobran actualidad los de la Edad Media debido al interés por el pasado histórico.


("La feliz madre " Pierre-Paul Prud'hon - Lienzo. Colección Wallace londres)
El paisaje adquiere gran desarrollo, evocador de un estado espiritual. Tienen preferencia por los nocturnos, los cementerios, las ruinas, el mar. En general, por paisajes en sombras, silenciosos, vacíos, donde flota la maldad o la tristeza.
Hay una recuperación de la temática religiosa, como en el Barroco. Algunos pintores viven incluso una experiencia religiosa de comunidad, como los Nazarenos alemanes y los Prerrafaelistas.
Se utilizan las técnicas, además del óleo sobre lienzo, las más rápidas y de menor tamaño como la acuarela y el grabado.


*Fuente de datos: Romanticismo, Los grandes maestros, Las principales escuelas (Manuales Parramón)
*Educaret – Fundación telefónica.

La Escuela De Alcalá de Guadaira

lunes 30 de noviembre de 2009


("El Castillo de Alcalá de Guadaira" - David Robert - 1833 - Oleo sobre tabla - Museo del Prado-Madrid)

El continuo interés por los valores de la naturaleza ha mantenido a lo largo del tiempo, la consideración histórica del paisaje en las diferentes culturas y civilizaciones, pero su como un verdadero hecho cultural es algo de muy reciente cuño. Históricamente se han ido desarrollando actitudes y puntos de vistan, tanto individuales como colectivos, que han puesto en práctica ciertos valores artísticos que, a su vez, han propiciado la aparición del paisajismo tal y como hoy en día podemos concebirlo genéricamente. En ese complejo proceso, lleno de influencias e interdependencias, han incidido decisivamente las circunstancias y mentalidades de cada momento histórico.

("Remando en el Río" - 1885 - Emilio Sánchez Perrier)

La mirada artística, que ha estado siempre atenta a la naturaleza, es la que ha ido, de manera específica, definiendo y conformando conceptos que se han situado siempre más allá de la consideración del estricto marco funcional y geográfico, trascendiendo e imponiéndose hasta ser asumida colectivamente, como una capacidad sensitiva de análisis y observación más allá de la mera escenografía funcional de los individuos que habitan el paisaje y en el que se integran formando parte indiscutible de él.
Este tipo de mirada ha constituido un factor decisivo en la gestación de la pintura de paisajes, a partir surge una nueva categoría: la del paisajismo.

("Pinares al atardecer" - 1909 - José Rico Cejudo-Oleo sobre lienzo-Colección Antonio Plata-Sevilla)

Desde el punto de vista creativo, la consideración artística del paisaje manifiesta claramente la relación del mismo con los individuos, la sociedad y la naturaleza, siendo cada pintura por tanto, en ese sentido,un documento significativo e incuestionable de esa relación.

En el siglo XIX se organiza, como resultado de esa mirada artística, la práctica del paisaje como una globalidad específica en la práctica de la pintura, al igual que ya ocurriera con otros géneros, como el bodegón o el retrato.

("Hueta con Limones en Alcalá" 1895-José Jiménez Aranda -Oleo sobre tela-Colección El Monte-Sevilla)

Sin embargo por diversas razones, las publicaciones dedicadas al paisajismo no suelen ser muy frecuentes, sobre todo cuando se refieren a aspectos concretos, ceñidos a marcos territoriales o culturales, como sería el caso pictórico de la Escuela de Alcalá de Guadaira. De hecho ha sido una temática siempre ausente y escasamente tratada en los balances dedicados al arte andaluz.

("Huerta Rivereña con álamos"-Manuel García Rodríguez-1900-Oleo sobre lienzo-Col. Remedios Delgado-Sevilla)

Esta escuela, ha sido la mayoría de las veces evitada o mirada de soslayo, tal vez, aún a pesar de tener una importancia notable, por ser escasamente conocida tanto por l gran público como por la mayoría de los investigadores. 
La Escuela de Alcalá de Guadaira ha permanecido inédita, víctima por tanto de un injustificable olvido.
Poco o nada se ha hecho por resaltar la serie de fecundos episodios que allí tuvieron lugar desde fechas muy tempranas, tanto la capacidad evocadora y placentera del lugar, como la sorprendente variedad pintoresca de sus riveras y parajes.
La pintura de la Escuela de Alcalá de Guadaira, es comparativa a otras manifestaciones del paisajismo nacional, como el madrileño, catalán, valenciano o cántabro.
A todo esto se une que en pleno siglo XIX, el paisaje fue el género más independiente y progresista, que coexistía con oros géneros menos conservadores pero también más propicios al desarrollo y lucimiento de la carrera oficial del pintor.


("Molino de Alcalá"-Gonzalo Bilbao-1885-Acuarela sobre papel-Museo Bellas Artes Sevilla)


Fue en el cultivo de la pintura del paisaje donde se produjeron las aportaciones más novedosas y audaces de la época, dejando constancia de una mirada nueva sobre la naturaleza, con el consiguiente descubrimiento de nuevos caminos, siempre vistos desde posiciones creativas menos convencionales y rígidas, haciendo del cultivo del paisaje un instrumento de modernización. Y así, tato en la pintura sevillana como en la española en general, la pintura de historia convivió durante décadas con la pintura de paisajes, que andando el tiempo superaría el academicismo y comportamientos artísticos ya agotados.
En este sentido, los pintores presentes en Alcalá, integrantes del contexto de los pintores sevillanos, tuvieron lógicamente un comportamiento secundario o periférico con respecto a los centros emisores de novedades artísticas, pero en cambio, constituyeron un nutrido grupo de artistas interesantes, prefigurado por unas características y preocupaciones artísticas comunes, más que por una decidida intención consciente de formar una definida escuela pictórica, como una forma bien especializada, bien temporal, de cultivar el paisaje.

("Pinares en Alcalá de Guadaira"-José Jiménez Aranda-1895-Oleo sobre lienzo-Col.El Monte-Sevilla)

Dentro del paisajismo en el marco andaluz y sevillano, y de lo que supuso en el desarrollo de nuevas concepciones plásticas, figuran artistas que sobresalen por la atención y curiosidad hacia la naturaleza pintoresca y el análisis de sus respectivas producciones pictóricas como testimonio de las diversas personalidades y puntos de vista que confluyeron en Alcalá y sus inmediaciones, mereciendo especial atención los que participaron en lo que con posterioridad vino a denominarse como Escuela de Alcalá de Guadaira.

(Los pintores José Arpa y José Rico Cejudo en una excursión campestre en Diciembre de 1887)

Es valorar la importancia del fenómeno del paisajismo en Alcalá de Guadaira, sus efectos y consecuencias artísticas y culturales, que incorporaron de este modo nuevos episodios de mucho valor, alguno de ellos fundamentales e inéditos, dejando un mejor conocimiento para el desarrollo de la pintura sevillana.

A esta escuela pertenecieron pintores locales, sino también otros de Sevilla y de distintas partes de la geografía española y extranjera, algunos de gran talla, como José Arpa Perea, Valeriano y Joaquín Dominguez Bécquer, José Jiménez Aranda, Alfonso Grosso Sánchez, José Rico Cejudo o Gonzalo Bilbao, entre otros.

Blanca De Los Ríos

miércoles 18 de noviembre de 2009



“¡El tiempo esa distancia de la vida
Que es la misma existencia que se va!...
La distancia, ese tiempo del espacio...
¡Terrible dualidad!”



“Blanca de los Ríos encarna ese aliento de poeta civil que Bécquer no quiso encarnar.” (Francisco Arias Solís).

Blanca de los Ríos, según Francisco Arias Solís, no ha pasado a la historia literaria ni por “Melita Palma” ni por “La Rondeña”, ni por su poema escrito desde Florencia cuando exclamaba “rompo el silencio y duéleme la ausencia”. A Blanca de los Ríos hay que acudir cuando se trata de explicar el teatro de Tirso de Molina, porque “las mujeres de Tirso, vestidas de hombre, son heroínas de Fray Gabriel Téllez y creaciones, que fueron desenmascaradas, casi diríamos desnudadas por la poetisa Blanca de los Ríos, a las que volvió a dar vida.

Fue, en abril de 1928 cuando pronuncia una conferencia en Madrid, en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, publicada aquel mismo año, sobre “El enigma biográfico de Tirso de Molina”, aireando su partida de bautismo y otros documentos que la llevan a demostrar cómo su teatro nació en el claustro arrancado de estas revelaciones la crítica histórica y la estética de ese nuevo Fray Gabriel Téllez que irrumpe a partir de esos años, los manuales de literatura en las nuevas luces que proyecta la erudita sevillana a la que Real Academia Española no ofreció un sillón pero si un Premio para su “Estudio biográfico y crítico de Tirso de Molina”.(Francisco Arias Solís).

"Blanca de los Ríos Nostench"


Hija de arquitecto, y de poetisa y pintora, nieta de médicos, sobrina de escritores y políticos, y amiga íntima de artistas y literatos, vivió rodeada de un ambiente rico en cultura e intelectualidad, que hizo de ella una de las mujeres más eruditas de su tiempo sobresaliendo en todas las artes que trabajó, especialmente en el mundo Literario (Periodo Romanticismo), que le tocó vivir.

Blanca de los Ríos Nostench nace el día 15 de Agosto de 1862 (otros datos apuntan a 1859), en la calle Francos de Sevilla, hija del arquitecto Demetrio de los Ríos, autor de los proyectos de las fachadas monumentales del ayuntamiento sevillano y restaurador de la Catedral de León, y de María Teresa Nostench y Rodríquez de Henestrosa, mujer que poseía extraordinarios dotes para la pintura y la poesía, y que tuvo marcada influencia en la dedicación de Blanca a la labor literaria.
Fue bautizada el mismo día de su nacimiento en la iglesia del Sagrario de Sevilla, mientras por las calles de la ciudad procesionaba la Virgen de los Reyes.

A los pocos años de nacer, sus padres se trasladaron a Granada, ciudad donde realizó sus primeros estudios y en dónde comenzó a dar muestras de su inclinación hacia la literatura. Sus compañeras del colegio la llamaban cariñosamente “La Escritora”.
Desde muy pequeña comenzó a escribir poesías, y con quince años publica su primer libro, “Margarita”, que firmó con el seudónimo de “Carolina Del Boss”.

En 1877 muere su madre, y Blanca marcha a París para vivir con una tía suya. Estaría en París dos años, regresando a España en 1879, instalándose para vivir con la familia Romera en Madrid, en la casa que unos hermanos del inolvidable actor de este apellido habitaban en la calle Cedaceros.
En esta fecha publicó un librito de versos titulado “Esperanzas y Recuerdos”, que escribió cuando tenía quince años, y que le conquistó la estimación de algunos círculos literarios de la capital española.
En estos círculos literarios hizo amistad con Sofía Casanova, la condesa de Pardo Bazán, el marqués de Valmar, don Juan Valeta, Rubén Darío y Santos Chocano.
Es de estos años también el comienzo de una de las amistades más importantes, tanto afectiva como culturalmente, de toda su vida: la de Emilia Pardo Bazán.

"Realidad, terrible azote
del alma que mundos crea
con ese eterno don Quijote
que sueña su Dulcinea.
Soñar? ¡donosa locura!,
soñar que un ángel se encierra
en la pobre vestidura
que ha de podrirse en la tierra."
(Realidad, Terrible Azote)


También conoce en esta fecha a Vicente Lampérez, un arquitecto emparentado con actores famosos y políticos, primo de los Romea, con el que contrajo matrimonio. El matrimonio viaja pronto a Italia y Blanca se entrega con entusiasmo a la carrera de las letras, escribiendo sin pausa, novelas, cuentos, libros de poesía y estudios de crítica literaria y ensayos históricos.
En 1889 la Real Academia Española premió su “Estudio Biográfico y crítico de Tirso de Molina”, en el que dio a conocer datos nuevos sobre la vida del gran dramaturgo.
Su fama de escritora se desbordó bien pronto del ámbito nacional para encontrar amplio eco en otros países. En los primeros años del siglo XX habían sido ya traducidas a varios idiomas una veintena de sus obras.


En 1895 entra como socia de número del Ateneo de Madrid, junto con Emilia Pardo Bazán y Carmen Burgos, lo cual le permite entrar en contacto con las ideas más diferentes y más avanzadas de la época, tanto en el campo artístico como en el de divulgación, llevando adelante tanto su labor de erudición como la de ficción, y al mismo tiempo empieza a tomar partido en «el problema de España», defendiendo el camino de la tradición para avanzar hacia los cambios causados por los nuevos tiempos.

Simultaneó su copiosa producción literaria con la colaboración en los principales periódicos y revistas de España e Hispanoamérica. Esta labor culminó en la fundación de la revista “Raza Española”, que vio la luz en el año 1919 y a través de la cual realizó una fecunda tarea de acercamiento entre España y las naciones iberoamericanas. Blanca gastó su dinero para sostener aquella publicación durante los once años en que fue editada.
En ésta como en otras publicaciones divulgó sus ideas feministas, la preocupación por la mujer y por las relaciones entre España e Hispanoamérica estuvieron siempre presentes en su reflexión y en su participación en diversas asociaciones y actos como: la Asamblea Americanista de Barcelona y los Centros de Cultura Hispanoamericana de Cádiz y de Madrid, la Junta Superior de Beneficencia de Madrid y la Unión de Damas Españolas, en la que se preocupó por el avance en medidas de protección para las mujeres en el trabajo.

“…Desde siempre en mi calle yo te espero,
y amante de mis noches te persigo,
si alguna vez, dolida, te maldigo,
desde tu ausencia, triste, desespero.”
(Destino)
 

Como reconocimiento a su valiosa labor, el Ayuntamiento de Sevilla la nombró hija predilecta de la capital en 1916, y dio su nombre a una de las calles más céntricas de la ciudad Andaluza.
El 19 de Enero de 1923 fallece su marido Vicente Lampérez quedando Blanca desconsolada, pero continuando con su prolífera carrera literaria.
En Marzo de 1924 le fue concedida la Gran de Cruz de Alfonso XII y, con tal motivo, se le rindió un homenaje en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Madrid, acto que presidió su Majestad la Reina Victoria Eugenia.
En 1931 le fue concedida la Medalla de Oro al Trabajo, y en 1949 la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio.
Muchas academias e instituciones artísticas y culturales nacionales y extranjeras la llevaron a su seno.
El Gobierno Colombiano le concedió la Gran Cruz de Bocaya por sus trabajos en defensa del escritor colombiano Francisco José de Caldas, discípulo y colaborador directo del célebre hombre de ciencia español Celestino Mutis, cuya memoria reivindicó Blanca, consiguiendo que el gobierno español le dedicara una lápida en la Biblioteca Nacional.
 

Blanca de los Ríos fue presentada a candidatura a la Real Academia Española de la Lengua, por los académicos Serafín y Joaquín Alvarez Quintero, el doctor Cortezo, el conde de Navas y don Manuel Linares Rivas, sin que consiguieran su propósito, ya que la docta Corporación mantuvo el criterio tradicional de no admitir en el seno a miembros femeninos.
Igualmente fue propuesta por un amplio grupo de intelectuales españoles, al frente del cual se encontraba el marqués de Santo Floro, para que le fuera concedido el Premio Nobel de Literatura, en atención a su obra dilatada y compleja.

El día 13 de Abril de 1956 a las once y veinte de la noche, fallece en su domicilios de Madrid, en la calle Jorge Juan nº 7, conservando hasta el último momento su actividad intelectiva.

Blanca de los Ríos destacó como estudiosa de los grandes escritores del siglo de oro, como narradora, poeta y conferenciante, y también por su preocupación por la mujer, y su mejora en la sociedad de la época. 
Igualmente fue ferviente su lucha y actividad en la consolidación de las relaciones españolas e iberoaméricanas.


Obras
Verso
Los funerales del César (1880)
Esperanzas y recuerdos (1881) y (1912)
El romancero de Don Jaime El Conquistador (1886)
Visiones de arte
De sol a sol
De Andalucía
¿Vida o sueño? Rimas (1941)
Prosa
Margarita (1978)
Los funerales del César (1880)
Esperanzas y recuerdos (1881) y (1912)
El romancero de Don Jaime El Conquistador (1886)
La novia del marinero (1886)
Melita palma (1901)
Sangre española (1902)
La niña Sanabria (1907)
Las hijas de don Juan, Madrid goyesco (1902)
Los diablos azules (1902)
La Rondeña (cuentos Andaluces) (1902)
El Salvador (cuentos varios) (1902)
El tesoro de Sorbas (1914)
Estudios literarios
Del siglo de Oro (1910)
De Calderón y de su obra
La vida es sueño y los diez Segismundos de Calderón,
Sevilla, cuna del Quijote
Los grandes mitos de la Edad Moderna: Don Quijote, Don Juan, Segismundo, Hamlet, y Fausto
De la mística y de la novela contemporánea
Afirmación de la raza ante el centenario de la independencia de las repúblicas hispanoamericanas (1910)
Afirmación de la raza. Porvenir hispanoamericano
Estudios literarios
Fray Grabriel Téllez
Obras dramáticas completas

Fuentes de Datos:
*Escritoras y pensadoras europeas – María Jesús Soler Arteaga
*Blanca de los Ríos – Francisco Arias Solis
*Hemeroteca ABC

Amalia La Gitana

sábado 31 de octubre de 2009


 "Mal de Amores"

No cabe duda de que muchas fueron las mujeres que posaron para Julio Romero de Torres.  Indiscutiblemente una de sus preferidas fue Teresa López, La Chiquita Piconera, pero también lo fue otra mujer de raza y temperamento: Amalia La Gitana


El día 11 de Enero de 1888, nace en el barrio de la Catedral, en Córdoba, Amalia Fernández Heredia, fruto del humilde matrimonia formado por Julio Fernández y Carlota Heredia.
Sus padres quisieron bautizarla en la parroquia del Sagrario y por nombre le pusieron Amalia.
Amalia sería, pasados los años, una de las musas preferidas del pintor cordobés Julio Romero de Torres.

Desgraciadamente Amalia quedó huérfana de padre siendo aún una niña (8 años), y tuvo que buscarse la vida por sí misma.
Viviendo humildemente dentro de un feudo gitano, en un mísero cuarto de una casa de vecinos de la plaza de Alhóndiga, dedicaba el día a recoger cartones de casa en casa, y las noches a animar cabarés y saraos formando parte de un grupo flamenco.
Tenía diecinueve años y una cautivadora belleza gitana, cuando Julio Romero de Torres la encontró cerca del Mercantil, e inmediatamente quedó prendado de ella. 

Se cuenta que estando el pintor sentado entado en la terraza del Casino de Labradores, en el Paseo del Gran Capitán, esquina con la calle Gondomar, oyó a un rico terrateniente comentar a su criado ante el pasar una joven: A esa morena, trótamela. Inmediatamente Julio se levantó y abordó a la joven antes que el criado, y le dijo: Yo soy Julio Romero y me gustaría pintarla a usted. De este modo llegó Amalia a su vida.
Le pagaba diez reales por posar para él, una cantidad importante para la pobre vida que llevaba aquella gitana. Su vida se cambió considerablemente, y la ilusión comenzó a ser moneda de cambio entre el pintor y la modelo.

La representó en cerca de veinte cuadros como figura central y luego como secundaria, cuando ya el paso del tiempo había hecho mella en ella.

Amalia la Gitana fue pintada con incomparable lozanía en Las Niñas de la Ribera, donde la sonrisa de Amalia se hace la protagonista del cuadro, y sorprendente además, pues el pintor habitualmente rodeaba a la mujer de esa enigmática atmósfera de silencios.
Con esa misma sonrisa la retrataría en un lienzo de pequeño formato con el pecho al desnudo y una manzana.
Brilla con luz propia en La Consagración de la Copla, en donde sobresale como eje central de la escena simbolizando a la copla, de entre los brocados toreros, el oro de las casullas y los fondos ocres de Córdoba.


La Consagración de la Copla

En el lienzo Alegrías se muestra a una Amalia más curtida y tal vez atormentada más por el dolor que por el paso del tiempo. La Gitana palmea y con sus palmas parece esfumarse la inocencia y frescura de los retratos anteriores.
En 1912, y siempre aprovechando sus rasgos dramáticos, el pintor realiza para la portada de un libro de Machaco, Cante Hondo, el lienzo Malagueñas.


 Malagueñas

También la inmortalizó en su obra La saeta que fue la estrella de la exposición que Romero de Torres realizó en Bilbao en 1918 en los salones del Majestic-Hall.


 La Saeta
 

Cuando ya el tiempo va haciendo mella en la modelo, crea el lienzo Marta y María, que se exhibió con gran éxito en la Exposición de Pintura Española de 1919, en Londres.

Sus agitanados ojos negros eran la viva expresión del tormento cuando Julio Romero de Torres la pinto en su obra Celos, que llegó a ser la obra cumbre de la exposición en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Corría el año 1922 y Amalia ya había pasado las lindes de los treinta años.

Celos
 
No renunció el artista a retratar a su musa cuando su cuerpo se fue deteriorando. Entonces redujo su campo de expresión sólo a su rostro en obras como Judit, y las dos versiones que se conocen de Salomé y Cabeza de santa, donde las respectivas cabezas cortadas que aparecen corresponden a los peculiares rasgos de Amalia. 

El día 10 de mayo de 1930, fallece el pintor y Amalia vuelve a su mísera vida de antes, en el mísero cuartucho de la calle Alhóndiga.

Sus ojos azabaches se cerraron un día de 1976, cuando contaba ochenta y siete años tras cuarenta y seis de pobreza y seria, después de la muerte del pintor.


Bibliografía:
*M.Valderde Candil: Las mujeres de Julio Romero, Colección Córdoba, Diario Córdoba-Cajasur

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